Algunos principios de la Investigación Social Crítica

La Investigación Social Crítica tiene por objeto la revitalización del Pensamiento Crítico en la Investigación Social. Se trata de justificar la necesidad de desarrollar la propuesta de Ciencia Social Emancipatoria hasta convertirla en un modelo de Investigación Social Crítica que permita realizar investigación empírica rigurosa de los fenómenos sociales que mayor sufrimiento humano provocan, como las desigualdades de clase, raza y género.

El desarrollo de una Investigación Social Crítica es un proyecto de largo aliento que se ha impulsado por caminos diversos. La propuesta que aquí retomamos parte de diversos acercamientos que ha realizado un grupo de investigación en que participan René Jaimez, Máximo Jaramillo y Pável Díaz, en concordancia con el trabajo que de manera más amplia han desarrollado investigadores como Julio Boltvinik, Araceli Damián, Pablo Yanes, Luis Huesca, Héctor Figueroa, Miguel Reyes, Miguel Calderón, Paloma Villagomez, entre otros (ver el ejemplar de Pobreza en México. Metodología y Políticas Públicas).

Para ilustrar algunos principios de la Investigación Social Crítica, retomamos a continuación algunos fragmentos publicados en Jaimez, R. (2016). LA INVESTIGACIÓN DE LA POBREZA, LA CIENCIA SOCIAL EMANCIPATORIA Y EL PENSAMIENTO CRÍTICO. Acta Sociológica, (70), 29-48.

(También se puede ver aquí una crítica a esta propuesta publicada por Boltvinik en La Jornada)

Los fragmentos incluidos se publicaron entre las páginas 34-48:

1. La Investigación Social Crítica

Las tareas requeridas para el desarrollo de lo que llamo Investigación Social Crítica rebasan, con mucho, lo que en este artículo puedo hacer. Por ello, me limito a presentar la apretada lista de las principales tareas que tendrían que ser retomadas como misión colectiva:

1. Es necesario criticar el positivismo contemporáneo, modelo hegemónico de investigación social.*

2. Frente al pragmatismo de posmodernos y positivistas contemporáneos, es necesaria la recuperación de la Teoría profunda, con mayúscula, para lo cual es indispensable valorar los aportes de, al menos, tres escuelas de pensamiento crítico: el marxismo analítico, la escuela de Budapest y la de Frankfurt.

3. Fundamentar teóricamente un punto de vista propio (Investigación Social Crítica) que tome en cuenta estas tres escuelas de pensamiento crítico.

4. Retomar las consideraciones realizadas por Eric Olin Wright, György Márkus, Ruth Levitas, Agnes Heller, Ernst Bloch y Boltvinik, para resaltar la necesidad que esta revitalización de la Teoría crítica se vincule con un compromiso moral y político claro, que ayude a definir principios morales de justicia y a clarificar las condiciones que permitan la autorrealización humana.

5. A partir de esta base, identificar algunas rutas de investigación empírica necesarias y posibles, encaminadas tanto a criticar las condiciones que impiden la autorrealización humana, como a promover la identificación de horizontes utópicos realizables (en el sentido de utopías reales de Eric Olin Wright).

6. Inicialmente, las cuatro rutas de investigación empírica que, en este sentido, hemos considerado posibles y necesarias son: Pobreza– desigualdad; Democracia–Oligarquía; Delincuencia –Inseguridad; Mercado mundial realizado– Migración.

La Investigación Crítica debería ocuparse de la indagación sobre la pobreza y desigualdad como la primera de estas líneas de investigación empírica que es posible, es decir, que intelectual y socialmente tenemos la capacidad de abordar, y que es necesaria para el desarrollo de una crítica a las condiciones que obstaculizan la autorrealización humana.

2. Objeto y método

2.1 Pensamiento crítico

A diferencia de Eric Olin Wright, que restringe su propuesta de Ciencia Social Emancipatoria al campo de la ciencia social, aquí adopto una visión más amplia que lleva a proponer la revitalización del pensamiento crítico, que no se limita al conocimiento científico de la realidad y se amplía para incluir cualquier discurso sobre la realidad, sean científicos, filosóficos, políticos o artísticos. Ocuparse sólo del discurso crítico científico sería reduccionista. La forma científica del discurso crítico es, sin embargo, la forma clave para la dilucidación de los procesos causales de la desigualdad y el sufrimiento humano. Esto es, la Investigación Social Crítica, cuyo objeto es el desarrollo de las condiciones de posibilidad de la autorrealización humana, tiene en la forma científica su pieza clave. Y es la parte que asumo desarrollar, lo que no descarta que esta revitalización del discurso crítico sea también una tarea de primer orden en los demás tipos de discursos sobre la realidad.

2.2 Investigación Social Crítica y el método de la Ciencia Social Emancipatoria

La combinación de características centrales de la Ciencia Social Emancipatoria (CSE) de Eric Olin Wright con la teoría de la transformación marxista y con el paradigma de la producción de Marx, radicalizado por Márkus, dan como resultado lo que defino como Investigación Social Crítica (ISC).** Sin embargo, la incorporación de estos elementos a la propuesta de CSE no implica la necesidad de desechar su método, sino sólo el contenido de la tercera etapa. Las etapas de la CSE son: 1. diagnóstico y crítica; 2. teoría de las alternativas viables; y 3. teoría de las transformaciones.

La Investigación Social Crítica sostiene que el desarrollo de una razón crítica va más allá del desarrollo de una razón práctica,*** en el sentido de que la primera parte del esfuerzo de discernimiento, pero no se conforma con la “toma de conciencia” sobre la capacidad productiva/creativa (transformadora) del sujeto en su relación con el objeto, sino que encamina ese esfuerzo hacia la construcción de lo que Eric Olin Wright llama estrategias para hacer las utopías visualizadas factibles. Encamina el esfuerzo de discernimiento hacia la necesidad de construcción de horizontes utópicos: las utopías reales de Eric Olin Wright , pero también un horizonte utópico más radical: socialista, revolucionario.

Así, la Investigación Social Crítica que proponemos hace dialogar a Eric Olin Wright con Márkus para levantarse sobre la base del desarrollo de esta razón crítica utopista. La teleología emancipatoria de la Investigación Crítica, resulta del esfuerzo de discernimiento de la dialéctica producción –reproducción (praxis) y se constituye en emancipatoria a través del planteamiento de estrategias claras y específicas**** para construir utopías reales que forman parte de una estrategia de emancipación socialista radical.

El desarrollo de esta razón estratégica crítica y utopista (que desarrollamos a partir de Márkus) es el núcleo de la Teoría marxista de las transformaciones (que Eric Olin Wright no es capaz de ver), pues es el elemento clave que permite entender cómo pasar del diagnóstico y crítica de las causas de la desigualdad y el sufrimiento humano, a la construcción de las utopías viables (las utopías reales inmediatas, y las transformaciones radicales mediatas). Es decir, es una razón emancipatoria en el sentido de asumir un claro compromiso moral.*****

Finalmente, una posición ética emancipatoria es aquella que tiene la utopía como horizonte utópico en la perspectiva de creación de condiciones materiales para el ejercicio de la libertad, la autonomía ciudadana, la justicia social y la autorrealización/florecimiento humano. Su desarrollo requiere juicios de valor fundamentados en una moral (juicios morales) que partan de la discusión sobre esencia humana para esclarecer el posible sentido de la autorrealización. Si la Investigación Social Crítica asume esta posición ética emancipatoria, sus juicios morales fundamentados deben aplicarse a las realidades empíricas cruciales en la producción de sufrimiento. En este orden de ideas lo central es, siguiendo a Márkus y a Heller, el papel del desarrollo de las necesidades radicales****** para orientar la transformación de la realidad. A nivel conceptual, el desarrollo del concepto de necesidades radicales requiere del desarrollo de una visión crítica acerca de los conceptos de desigualdad, pobreza y autorrealización (o florecimiento) humano.

[…]

4. Deseabilidad, viabilidad y factibilidad de alternativas. Reflexión final

La teoría de las alternativas viables es parte central de la propuesta de la Investigación Social Crítica (ISC) desarrollada a partir del planteamiento de una CSE de Eric Olin Wright. Implica “el desarrollo de una teoría coherente y verosímil de las alternativas a instituciones y estructuras existentes que eliminaran, o al menos mitigaran significativamente, los daños e injusticias identificados en el diagnóstico y crítica”.**** Las alternativas deben ser elaboradas y evaluadas con tres criterios: deseabilidad, viabilidad y factibilidad. La exploración de las alternativas deseables es el dominio de la teoría social de la utopía y de una parte de la filosofía política normativa. Se trata de la enunciación de principios abstractos, que son útiles para clarificar nuestros valores y fortalecer nuestro compromiso moral. La viabilidad evalúa, si, una vez que la alternativa se realizara, esta podría realmente dar lugar a las consecuencias emancipatorias por las que se luchó, es decir, si funcionará bien y sin efectos negativos importantes. Las alternativas viables, dice Eric Olin Wright, tienen mayor probabilidad de volverse factibles si están bien pensadas y entendidas. La CSE debe desarrollar una teoría de las alternativas viables. La factibilidad depende de que la alternativa sea conscientemente promovida y del poder relativo (correlación de fuerzas) de los actores en disputa. Desarrollar una mayor comprensión de lo aquí involucrado es la tarea de la teoría de la transformación social. Al respecto, la decisión discutida en el inciso 2.2 es apoyarme en la Teoría de la Transformación marxista que es distinta a la de Eric Olin Wright.

En este sentido es que habrá que evaluar la propuesta amplia desarrollada por Julio Boltvinik y que hemos retomado al inicio de este trabajo. Se trata de mostrar, además de su pertinencia académica, si es viable y factible en términos de encaminarnos en una ruta emancipatoria hacia la conducción de políticas y transformaciones que tengan como horizonte la autorrealización humana.

Erik Olin Wright invita, para entender la desigualdad, a redescubrir la teoría marxista, considerando la clase social como una de las explicaciones de tipos específicos de desigualdad.******** Esto implica subrayar que la explotación, además de describir la apropiación de excedente de unos sobre otros, es juzgada por el marxismo como una situación injusta. En este sentido, creemos que es necesario, pues, retomar la importancia de las teorías de la justicia, sobre todo a partir de la discusión abierta por Rawls, sobre la idea de una Teoría de la Justicia (TJ) que proceda moralmente y proponer la necesidad de Instituciones Sociales moralmente justas. La discusión de una TJ social—moral, contribuye al objetivo de una ciencia moralmente posicionada: la conformación de una organización social moralmente justa (autorrealizadora de la esencia humana) que posibilite vislumbrar un horizonte utópico. Pero una TJ que proceda moralmente se debate entre varias posiciones (liberales, igualitaristas, feministas), aunque en particular los aportes de los marxistas analíticos parecen ser los mejor redondeados: lo justo como el acceso irrestricto a los medios necesarios para alcanzar el “florecimiento”, aun cuando esta idea sea compatible con cierta porción de desigualdad.*********

Así, para Eric Olin Wright la teoría de clases marxista está de manera normativa comprometida con un “igualitarismo radical”. El análisis de clase puede funcionar no simplemente como una teoría científica de intereses y conflictos sino también como una teoría emancipatoria de alternativas y de justicia social.

A final de cuentas podrían preguntarnos ¿cómo combatir la pobreza y la desigualdad nos acerca a la emancipación? Nuestro punto de vista es que: la división entre medios y fines es artificial; los cambios cuantitativos determinan el sentido en que posibilitan los cambios cualitativos. Los cambios cualitativos son antecedidos por la acumulación de una serie de cambios cuantitativos. En este sentido no perseguimos cualquier clase de cambio cualitativo, sino un cambio cualitativo emancipador, por lo que el sentido de los cambios cuantitativos requiere ser igualmente emancipador.

El sentido de los medios que utilizamos en la lucha por una transformación social determina el sentido o carácter de la transformación que somos capaces de alcanzar. Una organización política no democrática buscando una transformación democrática de la organización probablemente fallará en sus objetivos formales en caso de que logre hacerse con el poder político de la sociedad. Paliar los efectos provocados por la pobreza y la desigualdad permiten el desarrollo de capacidades y necesidades nuevas, más desarrolladas, que al mismo tiempo que posibilitan nuevas transformaciones las hacen necesarias. De manera que adoptar un concepto amplio de pobreza es lo que nos encamina a la posibilidad de plantear alternativas viables en el corto y mediano plazo que, a largo plazo, permitan y empujen una transformación cualitativa emancipatoria.

*Esto implica que: (1) aunque las posiciones posmodernas están en pleno auge, su superficialidad, vaguedad y ambigüedad las convierten en un adversario de poca importancia; y (2) que las propuestas mejor redondeadas y con productos teóricos, metodológicos y empíricos más fructíferos con que cuenta la ciencia contemporánea son producidos por el post—postivismo. Es decir, que reconocemos que los mejores avances que en materia de conocimiento se han construido provienen de esta corriente, por lo que este es “el enemigo a vencer” si lo que pretendemos es retomar sus aportes y encontrar sus límites para trascenderlos en la construcción de una “ciencia social emancipatoria” (EOW), o de manera más amplia, para la revitalización del pensamiento crítico en los estudios sociales.

**De la CSE retomo sus propuestas de la necesidad de un diagnóstico crítico de las teorías hegemónicas, así como su teoría de las alternativas viables, pero creo que su teoría de las transformaciones es muy limitada por no contar con un conocimiento más profundo del marxismo, lo que lo lleva al erróneo rechazo de algunos componentes importantes del mismo. Así la investigación crítica complementa la propuesta de CSE de EOW al re–incorporar la teoría marxista de las transformaciones e incorporar el paradigma de la producción de Marx y Márkus. La posibilidad de una teoría crítica desde el paradigma marxiano de la producción implica identificar y distinguir los determinantes “exteriores” (lo inevitable exterior, en términos de Márkus) y la agencia de la producción creativa de los individuos (lo inevitable generado por los mismos hombres). Se trata de retomar el paradigma post-positivista y llevarlo hasta su punto de máximo desarrollo para superarlo en este sentido: el desarrollo de la ciencia implica la introducción de la dialéctica (la tensión entre “debe” y “puede”). Esto nos conecta con la praxis como elemento central, esto es: que los individuos involucrados (los investigadores pero también los investigados) trasciendan el plano de la inferencia causal para realizar un esfuerzo mucho mayor, un “esfuerzo práctico para discernir hasta qué punto su propia actividad debe ser ‘reproductiva’ y en qué medida puede ser ‘creativa’ […] y aquí, ‘debe’ y ‘puede’ cobran sentido con lo que podemos llamar las exigencias e impulsos históricamente formados, las necesidades de los individuos concretos, de sus grupos y colectividades…” en Márkus (2007), p. 181. Lo anterior va mucho más allá de lo que las teorías sociológicas de la agencia han planteado y es el objeto de la Investigación crítica; el centro de la revitalización del pensamiento crítico en los estudios sociales.

***Es decir, se propone trascender la propuesta de Márkus (construcción de una razón práctica) para llevarla a un nivel mayor de desarrollo en lo que llamamos una razón crítica, lo que resultaría de tomar la parte central del planteamiento de EOW. Sin embargo, el hecho de que Márkus llame a su propuesta “razón práctica” puede resultar confuso porque implica un esfuerzo de discernimiento crítico cuya realización se efectúa a través de un proceso de praxis (por esto es razón práctica), y, en segundo lugar, podría resultar paradójico que en nuestra propuesta (razón crítica) esta praxis debe tratar de ser complementada por el esfuerzo práctico que implica proponer –desde la investigación– estrategias específicas, viables y factibles para acercarnos a los horizontes utópicos visualizados.

****Estas estrategias deben partir de la evaluación de: (1) el poder relativo de los actores en contienda (correlación de fuerzas) (EOW); y (2) “distinguir en la historia los ejes de continuidad y de discontinuidad y, al mismo tiempo, trazar la frontera entre las condiciones básicas (objetivas y subjetivas) del cambio histórico y el terreno en el cual pueden ocurrir transformaciones sociales radicales y hacia el cual debería enfocarse la acción colectiva revolucionaria.” (Márkus, 2007:181).

*****E.P. Thompson (1991, capítulo V) señala que usó el término economía moral por primera vez en (Thompson, 1991, Capítulo IV [1971]) como un cuerpo de pensamiento que enseñaba la inmoralidad de lucrar en base a las necesidades de la gente, pero quizás la mejor forma de entenderlo, es como “relaciones económicas reguladas de acuerdo con normas no monetarias”. (Ibid., cap. V, p. 340). Boltvinik (2010), pp.189-190, señala que “Además de mostrar la existencia social objetiva de niveles de vida considerados socialmente mínimos, y mostrar el conocimiento y consenso que de ellos tiene la población, los trabajos de James Scott (1976) y de Thompson muestran una manera opcional de entender el mundo de lo económico, diferente del de la economía política, la de la economía moral… reflejan el hecho ineludible de que la vida humana no puede dejarse a merced del mercado”. Y añade: “La fuerza de trabajo no es una mercancía común y corriente, cuyo valor y grado de ocupación pueda ser decidido inconsecuentemente por las fuerzas del mercado. El elemento moral entra inevitablemente. El alza del precio del pan puede equilibrar la oferta y demanda de pan, pero no resuelve el hambre de la gente. “Toda ciencia económica que se respete, toda economía política, tiene que ser también economía moral” (Ibid.). Quiero llevar este planteamiento más allá de la ciencia económica. Sostengo que toda ciencia tiene que ser ciencia moral, investigación comprometida, moralmente posicionada como ética emancipatoria.

******Márkus dice que “Uno de los rasgos esenciales de la teoría marxista de la revolución es que Marx atribuye una importancia fundamental a las nuevas necesidades radicales que se generan en el proceso capitalista de producción y en la lucha por la transformación de las condiciones ónticas inmediatas de la clase oprimida, pero que el proletariado no satisface, no puede satisfacer en las condiciones dadas”, en (1985 [1971]), p. 27. Heller (1978) dedica un capítulo al concepto de necesidades radicales, en Heller, Agnes (1978), Teoría de las Necesidades en Marx, Ediciones Península, Barcelona. Una frase clave que refleja su visión, coincidente con la de Márkus, es: “Más tarde [se refiere a después del Manifiesto del Partido Comunista] Marx ya no buscará el origen de las ‘necesidades radicales’ únicamente en las ‘cadenas radicales’ ni en la ausencia de fines particulares: pero la esencia de su pensamiento permanece idéntica. Es la sociedad capitalista la que provoca la manifestación de las necesidades radicales produciendo de este modo sus propios sepultureros; necesidades que son parte constitutiva orgánica del ‘cuerpo social’ del capitalismo, pero de satisfacción imposible dentro de esta sociedad y que precisamente por ello motivan la praxis que la trasciende” (p. 106).

*******Wright, Erik Olin (2010), op. cit., p. 20.

********Wright, Erik Olin (1994), Interrogating Inequality. Essays on Class Analysis, Social- ism and Marxism, Londres y Nueva York.

*********Wright, Erik Olin (2010), op. cit.

Referencias:

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